ELEVADOS ALQUILERES

El Chavo del 8, refleja desde el humor el problema.

Para todos y todas,  de jóvenes y de adultos, alquilar, por lo general, es la solución a la salida de la casa de los padres y madres. Desde entonces, con ayuda y suerte; decididos a estudiar o a trabajar, asalariadamente o no, al alquilar aparece la figura del inquilino. El tiempo pasa y las cosas, aparentemente, no parecen cambiar.  Sólo aparentemente, pues nada más que en Buenos Aires, en 2014, la cantidad de inquilinos aumentó el 10%. Así, en todo el país, los inquilinos e inquilinas depositan sumas que equivalen  al 35% de los sueldos percibidos por la remuneración de sus trabajos productivos y reproductivos.
De  manera tal que,  el alquiler es un mecanismo de acumulación de la renta urbana de los capitalistas, similar a la que se entrega  con un  préstamo del banco o con cuotas a plazos fijos. Como dice el autor del libro Ciudades Rebeldes, “el valor creado en la producción puedes ser recuperado por la clase capitalista mediante los elevados alquileres que los propietarios de viviendas cobran a los trabajadores por su alojamiento”. Ahora bien,  la pregunta actual sería, ¿por qué ningún partido político, cualquiera que sea, toma el tema de los alquileres en el marco de las campañas presidenciales del 2015, siendo que es algo que interpela a millones de ciudadanos?, ¿nos condenaran a vivir en nuestras casas, gobernados con el yugo del monopolio de la renta, por siempre?  
Los alquileres, en manos de los rentistas, es un eslabón en la cadena de producción de ganancias, que parte de la renta dela tierra urbana, pasa por el sector de la construcción y también el mercado inmobiliario, antes de llegar al inquilino. Como en una cadena, un eslabón se concatena con otro, en un proceso dialéctico entre individuos y grupos, y así vamos conformando nuestro hábitat. Al habitarlo, cabría hacerse otro interrogante, ¿de qué manera queremos seguir habitándolo? Además de ser productores y reproductores de bienes y servicios, que por esos nos pagan, ¡¿cuándo tiempo más vamos a seguir entregando parte de nuestro sueldo para tener un techo digno?!
La magnitud del caso, amerita que se tome consciencia: El porcentaje global de inquilinos, en argentina, es del 14.3% de los encuetados en el último censo. Es decir, el problema es social, y no simplemente político; pero sin dudas debe ocupar un lugar en la agenda pública, de los funcionarios, y fundamentalmente de la sociedad civil que es quien los elige. De lo contrario, seguirá estando en manos del mercado y los rentistas.
En las manos del mercado, la vivienda, en vez de gozarse como un bien de uso, se trasforma en un bien de cambio, en una mercancía; y esto hace que con el alquiler, una vivienda, sea igual a un pantalón o una camisa. Ahora bien, ¿Cuál es la particularidad que diferencia la mercancía de la vivienda? Que ésta se lleva, por lo general,  más del 35% del sueldo mensual, y que, a diferencia de otra mercancía, la vivienda  es un Derecho.
LOS INQUILINOS TIENEN HISTORIA
En época de la colonia al Virrey le decían “el sordo”, pues no escuchaba al pueblo. En nuestra, a quienes están en el Estado, habría que decirles “ciegos” (sin ánimo de ofender a quienes tienen esas diferencias).  Pues pareciera que no escuchan, no ven y no tocan las páginas de la historia social y político de la humanidad. Los Diputados y Senadores deberían conocer tres casos ejemplificadores en cuanto al problema de la vivienda, y así nutrir de conocimiento a la sociedad toda: Uno fue en “La Comuna de París” (1871); dos de las primeras decisiones fue imponer una moratoria en los alquileres. La segunda es la conocida “Huelga de los inquilino” (1907), en argentina; se logró frenar un aumento, luego de eso, implementar una rebaja y congelar el precio de los mismos. Y el tercero, en Cuba con la “Reforma Urbana” (1960); se traspasó el fondo completo de viviendas de alquiler en propiedad a sus correspondientes habitantes; los antiguos propietarios fueron indemnizados por el Estado según el año de construcción y monto del alquiler de la vivienda perdida. Así se solucionaron, histórica y momentáneamente, los problemas de la vivienda.  ¡Ante la propiedad privada de unos pocos, hay que reclamar la propiedad particular muchos!
LA FUNCION SOCIAL DE LA VIVIENDA
No basta con “defender a los maltratados”, como reza la Unión Argentina de Inquilinos, pues no existen las “contratación justas y equilibradas” entre dos partes en condiciones desiguales.  Las palabras del presidente de la Unión Argentina de Inquilinos, Ricardo Botana, pecan de ese sindicalismo que se adapta, del que hablaba Agustín Tosco. Aquel explica que las cláusulas que establecen subas escalonadas no son ilegales; claro, ¡son inmorales  para la vida del pueblo trabajador!  Pues aquí ya no se trata de discernir que es lo legal o ilegal, pues ya se sabe que las leyes son para proteger los intereses del capital.
El cuadro entre el “locator” y “locatario”, se completa con las inmobiliarias, quienes también militan por sus ganancias. Entre tanto, el Estado vive bajo lo que algunos intelectuales llaman ideología invertida, pues quiere hacerse pasar por víctima, cuando en realidad es victimario. Pues, los funcionarios públicos son quienes, históricamente, aprueban aquellas leyes. En la actualidad, es la 23.091 quien regula ésta parte de la situación habitacional: los alquileres. La misma crea la posibilidad de que en cada ciudad se establezca una Oficina Municipal de inquilinos. Pero solamente en dos del país se han establecido trabajos, gracias a la Unión de Inquilino de La Plata y su homónima de Neuquén.
 Como dice David Harvey, autor del libro anteriormente nombrado, esta forma secundarias de explotación, siempre ha sido vital para la dinámica general global de la acumulación capitalista y la perpetuación del poder de clase. Al mismo tiempo, es una práctica predadora con respecto al mercado de lo vivienda.

Por Mario Daniel Villagra Segovia

FUENTES:
-HARVEY, David. Ciudades Rebeldes. Ed. Akal (2013).
-  DUTRUEL, Ayelén Carla; FERRERO, Marianela. La institucionalidad social en torno a las políticas habitacionales. Ponencia en la UNER (2011).

- TREFFTZ, Erich. 50 año de la ley de reforma urbana en Cuba. En el aniversario del cambio de paradigma, en  http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=25819959002

-http://www.inquilinos.org.ar/

3´ Minutos para un cuento (inéditos)


LA MAGIA DEL FÚTBOL


A las ocho de la noche, arrollé las vendas y el partido de fútbol 5 comenzó a las ocho y treinta. Gol y gol. Faltas en el medio, en el fondo y en las áreas. Risas y gritos, de júbilo y dolor. Me apoyé con la “zurda mágica” y la rodilla se trasformó en una goma que fue y vino, dentro de un jugo acuoso donde la rótula se movía. En la cancha aprendí que la única pelota que se pierde es la que se da por perdida.


En ambulancia nos fuimos a la guardia del hospital donde nos encontramos con un embotellamiento de camillas cargadas, esperé mi turno, me mantuve con los ojos cerrados para no ver el sufrimiento en vano.


—El fútbol es un juego peligroso —dijo la doctora mientras con sus pruebas me hacia doler la rodilla.


— ¡Ay! —dije—. Uno de los juegos peligrosos.


—Nombre y apellido —dijo y por exigencia de la ficha la doctora María Alejandra Blanco supo mi nombre, edad, dirección, en una palabra, dejé de ser un completo desconocido para ella y me enteré de su nombre sólo cuando leí la receta con las indicaciones para radiografías.


Cuando me revisaron los traumatólogos volví a ver a la doctora Blanco. Ellos decían que no daban más, que se hacía tarde, mi problema era sencillo y ella los estaba consultando por un problema que lo podía resolver sola. Ella se disculpó y los traumatólogos continuaron refunfuñando. Cuando se fueron, le dije:


— No la trataron bien.


— A veces me tratan peor —contestó con una mueca.


Mientras la doctora escribía, miré sus manos.


— ¿Casada? —pregunté.


— No —dijo y se miró los anillos—. ¿Estos? Me los regalaron —preguntó y se contestó, y me alcanzó la receta—. Tiene que hacer reposo, hielo en el lugar y un vendaje para inmovilizar la zona.


No me despedí. Se fue por un pasillo, caminando entre los reflejos que salían de las puertas abiertas. Mientras se soltaba el pelo, recordé el panadero de los cardos, llevado por el viento, nunca se sabe dónde terminará. Aquel día salí en camilla de la cancha, solo y por la magia del fútbol que vive y continúa produciendo resplandores en cualquier potrero, aquí estoy, a las doce de la noche, esperando con una rosa escondida a la espalda, que la doctora María Alejandra Blanco termine la guardia.



* * *





CALL CENTER


Un Call Center es, traduciendo, un centro de llamadas.


Existen diferentes centros de llamadas, pero la charla que les voy a contar, sucedió en uno de seguro para vehículos.


Les parecerá extraño que algo raro pase en esas oficinas, armadas de la noche al día, donde los trabajadores están ubicados como en una caja de huevos. “Para nada”, dirá usted. Claro, si se deja guiar por las imágenes que venden el servicio telefónico, seguramente no pensará que la jovencita o el muchacho, carilindos y de buena sonrisa, lo traten mal, a usted. Claro que no, que nada malo puede suceder, pues allí trabajan persona con buenos tratos y claridad en la dicción, preparados para estar atendiendo pedidos a desconocidos…bueno, en esas situaciones, digo, el de las llamadas, enseguida se conoce con quién se habla. Ahora bien, confesamos, no importan los nombres propios para nuestro caso, pues pinchar o romper el auto le puede pasar a cualquiera, y la llamada la atenderá alguno de los muchos trabajadores, pero ahora bien, en este caso sí vale la pena contar el pleno desarrollo, entrada la conversación:


—Y… ¿dónde dice que se encuentra señora?


—En una ruta. Es de doble carril.


—Sí, está bien, pero necesito saber el número de la ruta y el kilómetro para enviarle el mecánico y la grúa, señora.


—Pasé una YPF…


La situación es totalmente disímil, pero, sin embargo, hay algo que se comparte entre uno y otro, y eso es la necesidad de dar solución a un problema.


Imaginamos, según la imagen que muestra modelos atendiendo el servicio telefónico, los auriculares sanos y de de última tecnología, pero no, éstos se encuentran rotos o encintados a modo de arreglo; la división entre un trabajador y otro es casi nula, de manera tal que cuando alguno de éstos supera los dos o tres minutos de conversación, entran a mirarse uno al otro, comenzando por el más cercano, enterándose todos, de esa manera, de la que puede ser la situación del día.


Por otro lado, la otra persona se encuentra fuera de su automóvil, en un lugar, quizás desconocido, quizás no. Aquel día, parecía perdida.


— ¿Y no puede caminar para la dirección contraria, y llegar hasta la YPF?


— ¡No! Pasé una ciudad, a la salida la YPF.


— Y ¿qué ciudad pasó?


—No sé. Estoy en medio de la nada, ¿me entiende?, con mis cinco hijos, el perro, la abuela, el vecino y la tortuga. No sé qué hacer, y encima el turro de mi marido que no vino.


Todo aquel que ha llamado a un servicio telefónico seguramente escuchó la música de espera más de dos veces, y, una vez pasado esto también una voz, diciendo que la conversación será grabada con el objeto de optimizar el servicio. Ahora bien, para un laburante de los centro de llamada es distinto, pues no puede enfadarse, es casi un pecado de despido. Claro, entonces, la charla siguió:


— Bué, tranquila, dígame ¿cuántos kilómetros hizo aproximadamente?


—No sé, pero aquí en frente hay un cartel que dice vote a.


—Bueno, ¡pero aproximadamente! Y en tiempo, ¿cuánto recorrió? No sé cuanto… 20 minutos. A ver, ¿usted me dice que iba de córdoba capital a San Juan? y dice que pasó… Ah, no señora, ¡usted está a diez kilómetros de Córdoba capital, no en el medio de la nada!


Llega el momento que el telefonista o la telefonista, mira la póliza y se da cuenta que es un porteño, pues para ellos basta con ver tres pastos y un pájaro cantando para decir que están en el medio de la nada. Pero aun no termina.


—Bueno, deme su número de teléfono.


— ¡Muy mala pregunta!, no lo sé de memoria… ¿y no le sale en la computadora?


—No señora.


—Estoy preguntando…Che, basta, alguien que me dicte mi número de teléfono…Quince.


—Disculpe, anteponga el código de área de cobertura.


— ¡Ay!, tantos datos, no sé…el de Buenos Aires es 1100, creo…



—No, ese es el correo postal. ¿Qué, piensa que le voy a mandar la grúa por correo? —y cortó.


* * *



CONTACTOS


Franz Kafka narra una historia sobrenatural sobre lo difícil del trabajo, el trabajo es difícil, y los que les voy a contar no fue un sueño, me tocó organizar la sala para presentar un libro y me dirigí al COPROPOCO (Consejo Provincial de Políticas Comunicacionales) donde nos respaldaron dándome un número telefónico. Llamé y pregunté por Carli Wagner.


—Hola… Sí, él habla —respondió.

—Habla Mario Daniel Villagra

— ¡Ah! Georgi dijo que llamarías —se refería a Georgina, secretaria del COPROPOCO.

—Sí, Georgina me pasó tu teléfono. Te llamaba por lo siguiente —dije y expliqué la necesidad de salón para presentación de libro.


Hablamos con un empleado del CECULCONVU (Centro Cultural y de Convenciones la Vieja Usina). Una semana después nos comunicamos nuevamente.


—Centro Cultural y de Convenciones la Vieja Usina, buenos días, en qué puedo servirlo, mi nombre es —dijo y no recuerdo qué nombre pronunció.

—Buenos días. Necesito hablar con Carli Wagner —expliqué amablemente.

— ¿Puede repetir?

Lo hice.

—Aquí no trabaja ninguna persona con ese nombre.

—Disculpe, ¿con quién tengo el gusto de hablar? —recuerdo que pregunté y no se lo que contestó—, la semana pasada hablamos con ésta persona que trabaja ahí —dije.

—¿Usted no estará hablando de Juan Carlos Regner?


La conversación telefónica siguió. Repetí el nombre Carli Warner, hasta que decidí trasladarme y presentarme personalmente. Esa misma mañana entre el calor y los bocinazos comentamos con Roberto iluminador y sonidista de la presentación, que se olfateaba una tensión interna en el personal.

Llegamos. Saludamos a la única persona que estaba allí, seguramente quien atendió el teléfono.

—Para pedir el salón, ¿hay que llenar alguna planilla?

—Sí, espere un poquito. Primero, vamos a consultar el cuadernito para ver si hay fechas disponibles. Me dijo ¿qué fecha?

—El tres de abril, de seis de la tarde a ocho —aclaré.

—Viernes, sí, está ocupado con la presentación de un libro —dijo.

—¡Somos nosotros!

—¡Ay! Usted tiene razón, claro que me lo dijo… “una presentación de libro”. Esperen, Juan Carlos viene en seguida.

Insistió con ese nombre, yo no presté atención pues estaba llenando las planillas que ella me había alcanzado, mientras Roberto miraba la correspondiente a las cuestiones electrotécnicas.

—¡Juan Carlos! Por fin llegó. Unos señores impacientes lo están esperando.

—Sí, disculpas por la demora, es que el tránsito…

Pensé en cómo adjetivó con `impacientes´, mientras, agregué que habíamos hablado hacía una semana.

—Sí, me acuerdo —contestó.

—¡Un momentito! —interrumpió la señora— Estos impacientes preguntaron por Carli Wagner y no por Juan Carlos Regner, ¿o, acaso, miento? —preguntó alarmada, y alarmó a todos.

—Sí, yo hablé con Carli Wagner —me hice eco—. Es el contacto que me dieron —dije.

—Yo les voy a explicar —dijo el Carli —. Mis padres son separados, y, entonces, en la administración pública algunos me llaman por el apellido de mi mamá, Wagner, y, otros, por el de mi papá, Regner, no sé por qué, cosas de la administración pública.


* * *